Tonas y Alebrijes: Del sueño de Linares al espíritu zapoteca

En las comunidades indígenas de Oaxaca, la vida está entrelazada con símbolos que trascienden lo visible. Entre ellos destacan las tonas y los nahuales, figuras que revelan la relación íntima entre el ser humano y el mundo animal.

Las tonas son animales protectores asignados al nacer, vinculados con el calendario zapoteca. Cada persona recibe una tona que acompaña su destino, marcando su carácter, su fuerza y sus debilidades. Se cree que la salud y el bienestar de la persona están ligados al de su animal compañero: si la tona sufre, el individuo también.

Por otro lado, los nahuales representan la capacidad de ciertos hombres y mujeres de transformarse en animales, conectando con energías ancestrales y con la naturaleza misma. El nahual es un guardián espiritual, pero también una figura ambivalente: puede proteger o causar temor, dependiendo de cómo se use ese poder.

El sueño de Pedro Linares y los alebrijes

En 1936 en la Ciudad de México, el cartonero Pedro Linares López dio vida a los primeros alebrijes. Durante una enfermedad, soñó con criaturas fantásticas —un burro con alas, un gallo con cuernos de toro, un león con cabeza de perro— que gritaban “¡alebrijes!”. Al despertar, decidió darles forma con papel, engrudo y alambre.

Su obra llamó la atención de artistas como Diego Rivera y Frida Kahlo, quienes promovieron su trabajo. Con el tiempo, Linares recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1990, y sus alebrijes se consolidaron como íconos del arte popular mexicano.

De la cartonería al copal: Oaxaca y la tradicional talla de tonas

Aunque los alebrijes nacieron en CDMX, en la década de los 80’s turistas llevaron el término a Oaxaca para nombrar las tallas de madera de copal policromadas que tradicionalmente representaban a los tonas y nahuales que se elaboraban en pueblos como San Martín Tilcajete. Ahí, los artesanos reinterpretaron la narrativa y la forma tradicional, y comenzaron a crear tallas de fusiones de animales alineados a la representación de los alebrijes que los turistas conocedores de esta rica manifestación del arte popular de la Ciudad de México llevaron consigo, resultando en la talla y decorado de figuras de animales o fusiones que dialogan con la cosmovisión local de los tonas y nahuales, lo que actualmente se ha popularizado bajo el nombre de alebrijes.

Los llamados mini-tonas de Arla Alarcón —o pequeños alebrijes tallados en copal— evocan a los tradicionales animales protectores asignados al nacer. Cada pieza es única, pintada con colores vibrantes y formas ancestrales que representan los tres mundos: el del infinito, el terrenal y el del inframundo. Estas pequeñas tallas recuerdan tanto la visión onírica de Linares como la espiritualidad zapoteca.

Un puente entre tradición y creación

Nuestros identificadores de copas o mini-tonas de Oaxaca son más que objetos decorativos: son guardianes simbólicos que enlazan dos mundos. Por un lado, la imaginación febril de Pedro Linares en la Ciudad de México; por otro, la cosmovisión ancestral de los pueblos zapotecos.

En cada figura se encuentra un puente entre tradición y creación, entre lo espiritual y lo artístico. Los alebrijes oaxaqueños no solo continúan la historia iniciada por Linares, sino que la enriquecen con raíces profundas en la cultura indígena, convirtiéndose en piezas que guardan destino, memoria y color.

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